¿QUÉ Fines Educativos Tiene El Programa “Alta” De Stamford?

Publicado en July 28, 2011 por

Hace cinco años, preocupados por los problemas de rendimiento y de actitud de los estudiantes hispanos de las escuelas públicas secundarias de Stamford, un grupo de sudamericanos entusiastas se propuso armar un proyecto educativo con la meta de atraer a un número de esos adolescentes y poner a su alcance algunas experiencias diferentes de lo que esas escuelas podían darles. Se quería poner en la mente de aquellos jovencitos una mirada de sí mismos que no fuese la de quienes no tienen identidad, ni historia ni cultura ni esperanza.

Bajo las siglas de ALTA, el nombre que entonces se creó para este experimento fue Approaching Leadership Through Action (Adquiriendo Liderazgo a Través de la Acción). Un tiempo después, el programa estaba funcionando bajo el patrocinio del Directorio de Educación de Stamford. La trayectoria recorrida en los siguientes años no fue sencilla ni contó con la comprensión de todas las comunidades. Pero, la buena noticia es que, durante estos años de trabajo pertinaz, el programa ALTA contaba ya con los mejores auspicios del Sistema Educativo de Stamford así como con la acción decidida de un grupo fuertemente motivado de padres de familia de los mismos estudiantes y con un núcleo de docentes muy enfocado en los fines y las metodologías pertinentes.

Tras este preámbulo casi de crónica, cabe enfatizar en algunos aspectos que, consideramos, se mantienen al tope en el mástil de este extraordinario esfuerzo en bien de la comunidad hispana de Stamford. ¿Cuál era, en el fondo, la realidad de la que se partía? Básicamente, la de los propios hermanos menores, hijos y nietos de los inmigrantes más o menos recientes, sumidos en el drama de aprender una cultura y un idioma tan distintos a los propios, buscando pasar quizá desapercibidos o, en el mejor de los casos, mirados como personas que no fuesen diferentes ni inferiores. El diagnóstico era brusco y difícil de asimilar: muchos de esos muchachos no se veían a sí mismos como personas libres de la sanción, la crítica y la burla de los que no eran o no se sentían diferentes. Ellos se sentían segregados pero no víctimas sino en cierta forma culpables de ello. Entonces, se avergonzaban hasta el extremo de no verse a sí mismos con el mínimo de amor que permitiera la construcción de una personalidad sana y en paz con el mundo. ¿Cómo mira a sus propios padres un adolescente que tiene este drama en su corazón?

Quienes imaginaron este modelo de trabajo denominado ALTA lo diseñaron para cambiar aquellos mecanismos psicosociales que venían convirtiendo a una porción de nuestros niños en criaturas traumatizadas y hasta alienadas, sin identidad propia, sin idea de sus propios valores, sin autoestima y expuestas a una experiencia escolar indolente y hasta violenta. Había que cambiar muchas cosas en esas mentes entregadas al irrespeto de sí mismos y de los demás, al comportamiento incontrolado de grupos de “iguales,” a la soledad interior y a la pérdida de su autenticidad. Y había que trabajar de un modo que fuese interesante y atractivo y que, al mismo tiempo, impusiera un cierto nivel de disciplina basada en el razonamiento y el respeto mutuo.

El programa educativo de ALTA tiene definidas dos áreas de trabajo: la que se realiza, con la participación de algunos de los maestros de sus propias escuelas, dos tardes a la semana, después de las clases regulares, para dar a los estudiantes incorporados la oportunidad de suplementar, complementar y reforzar los aprendizajes que desarrollan en la escuela; y la que se realiza los sábados entre las 9 am y la 1 pm en el local de Yerwood Center y con la coparticipación de esta institución, donde un grupo de orientadores, profesores e instructores brindan a los mismos estudiantes un currículo educativo muy amplio y diverso, que va desde el baile latino, los deportes y la orientación para quienes desean ir a la universidad, hasta un fino trabajo de concientización y empoderamiento para que los jóvenes inmigrantes avancen en la formación de sus propias personalidades, libres de sentimientos autodestructivos o de actitudes antisociales, orientados a la autovaloración y al reconocimiento de sí mismos y de los demás como partícipes proactivos de una misma comunidad global.

Más allá de ello, una de cada cuatro sesiones sabatinas se realiza con la participación de los padres de familia de los estudiantes. Esto ha permitido que muchos padres de familia y sus hijos se escuchen mutuamente en relación con algunos aspectos generales de su relación y, en consecuencia, se vean en la necesidad de ahondar el diálogo en sus hogares, dejando de lado barreras que lo dificultaban. Esta experiencia ha potenciado los fines de comunicación y de afectividad intrafamiliar de ALTA y ha motivado el interés de dichos padres en otras actividades formativas y de promoción comunitaria del programa. Un conjunto de actividades culturalmente importantes ha sido propuesto y organizado por estos padres a través de un comité expresamente formado para ello, coadyuvando a los fines de ALTA de un modo muy eficiente.

Los resultados de esta combinación de factores y participantes son sorprendentes. Hay una serie de testimonios dados por promotores, docentes, padres de familia y estudiantes acerca de los logros de ALTA en estos cinco años de consolidación y crecimiento. Pero el tema será materia de un próximo artículo.

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